
Querido Jesús:
Aprovechando que se acerca un aniversario más del día en que tú nos encargaste celebrar lo que hoy llamamos "misa", te escribo unas líneas para compartir mis alegrías y preocupaciones contigo ¿quién mejor para entenderme?
En esa oportunidad te reuniste con tus amigos, era un momento muy difícil para todos, ya se escuchaban los pasos, el tiempo de entregar tu vida había llegado.
Quisiera sintonizar con tu corazón; corazón de hombre que ama apasionadamente la vida y que ha sabido defenderla de todo y todos aquellos que la estaban quitando, en especial de aquellos que habían reducido la relación del hombre y Dios a un contrato de leyes y no la presentaban ni vivían, como es en realidad, como una relación de amor entre un Padre con sus hijos y de unos hijos entre sí.
Corazón de Dios que ama hasta el delirio la vida de sus hijos, tanto, tanto, que no pensó como pérdida morir en una cruz precisamente para salvar a los que lo estaban matando.
En tu corazón late la fuerza creadora de Dios que hizo al mundo existir; pero ese corazón ahora se encuentra angustiado, triste, lleno de miedo. Te sientes así por el cáliz que debes beber, pero también, como buen padre y madre que eres, por la incertidumbre ¿qué será de mis amigos, de mi madre? ¿se mantendrán firmes en la fe? ¿luego de abandonarme espantados, serán capaces de volver al camino y recomenzar?.
Quisiera ver eso de "tomen y coman, tomen y beban, aquí está mi cuerpo y mi sangre", verlo desde tu corazón y no desde las leyes; descubrir el amor que contiene y no la obligación a cumplir.
Cumplir una ley es algo tan externo y frío, tan impersonal que no descubro tu rostro amigo y una cena se disfruta cuando es entre amigos; podemos comer por obligación, porque sabemos que si no nos desnutrimos, pero nunca disfrutamos cuando se hace sólo por "deber".
Estoy convencido que en tu corazón, cuando dijiste "hagan esto..." no estabas pensando en leyes sino en amor y entrega, en vida y salud, en cruz y resurrección, en persecución y encuentro.
Más de 1000 años han pasado y hoy todavía no entendemos bien lo que has hecho, seguimos pensando, o nos siguen haciendo pensar, que nos dejaste una nueva ley. Hoy nos siguen diciendo que "tenemos que ir a misa" y se olvidan de recordarnos, con igual insistencia, que esa "misa" es la máxima posibilidad de experimentar tu amor y, entonces, cuando vamos, muchos lo hacemos desganados y enojados, mirando el reloj para ver cuándo acaba esa tortura.
¡Qué contradicción!, tú amándonos hasta el extremo y nosotros pensando en salir cuanto antes; tú recibiéndonos con los brazos abiertos y nosotros con la guardia en alto, defendiéndonos o atacando.
Hoy muchos buscamos mil razones para justificar el no ir a la misa: "no tengo tiempo", "voy sólo cuando siento ganas", "eso es cosa del pasado", "los curas son aburridos..."; pero en el fondo sólo hay una razón válida: en la misa no te encuentro como el amigo que me ama, me perdona, me habla, confía en mí y me encarga predicar su Palabra. Entre Tú y yo, y nosotros, se han levantado nuevas murallas, muy semejantes a las que viniste a destruir.
Sinceramente espero, querido Jesús, que en este nuevo aniversario de tu última cena, el Jueves Santo, sea para nosotros una gran oportunidad para redescubrirte presente, vivo, amoroso, en las misas que nos toca vivir.
Quisiera pedirte por los sacerdotes que tienen el encargo de presidir estas celebraciones. Que cada misa sea en verdad para ellos una celebración, una fiesta, un encuentro contigo, que cuando llegues a ellos por la Palabra y por el Pan, se note que has tocado su corazón; ayúdalos porque sabemos que no es fácil mantener vivo el fuego del amor, ayúdalos porque deben cumplir este encargo y poderlo transmitir al resto de sus hermanos y hermanas.
Ellos repiten tus palabras "tomen y coman, tomen y beban", esas palabras suenan muy feo cuando no salen desde un corazón como el tuyo, como el de tu Madre, corazones que aman la vida y por eso entregan la suya, y precisamente, en perderla está su ganancia. Esas palabras son música para nuestras vidas cuando quienes la pronuncian tienen la profundidad del sudor, lágrimas y alegría de quien se entrega como Tú lo hiciste.
Por penúltima cosa debo pedirte para que aumentes el número de tus sacerdotes, no sé qué pasa, si Tú estás medio "tacaño" en elegir, en llamar, o los "tacaños" son los elegidos, los llamados. En todo caso, necesitamos una "inyección especial" de tu Espíritu que vuelva a encender las grandes llamaradas del fuego de tu amor en el corazón de los jóvenes. Sé que allí hay buena madera para hacer una gran fogata y hay buena madera porque Tú la has puesto. Que la fuerza y la experiencia del amor divino que libera logre vencer los miedos y angustias que Tú mismo sentiste cuando debías entregar la vida.
Lo último es reiterarte mi agradecimiento, en verdad no sé qué sería de mi vida si no nos quisieras tanto como lo haces; ¿qué sería de nosotros si no pudiéramos encontrarte tan cerca y pequeño como es un pedazo de pan?. Mil gracias Jesús.
Hasta la próxima.
Tu hermano, sacerdote y amigo, Max.
3 comentarios:
me parece que el escrito es un mensaje para meditar, porque las personas a veces asistimos a misa por compromiso y no por amor a Cristo, siempre buscamos excusas para no asistir. No valoramos el amor de Jesús que su vida entregó por nosotros.
muy cierto lo que dices querido amigo Max, cada vez buscamos excusas para no ir a misa o para no aceptar algo relacionado a Jesús que nos comprometa...qué ingratos somos!!! dió su vida por el gran amor hacia nosotros ,nos dejo a su madre y..nos acordamos de ella?, siempre nos da mucho sin esperar nada a cambio y nosotros ni siquiera nos acordamos de él, sólo pasa por nuestra mente su nombre cuando necesitamos algo para "ser felices"...él amándonos tanto y nosotros alejándonos cada vez más
Quizas muchos o cada uno de nosotros,se nos cruzado por la mente para que ir a misa, y tal vez cuando nos vaya mal o tengamos algun problema, nos aferramos a Dios. como si el solo se acordara de nosotros en ciertos momentos de la vida. y el es tan bondadoso que nos quiere aun asi que seamos ingratos con él: pero creo que debemos hacer cada acto u omision de nuestras vidas con amor a Dios y ofrecerlo y sentirnos llenos de amor de el cada dia y que cada cosa que nos pase, lo tomemos en enseñanza y amor a él. bueno amiguito Max te agradesco por tus palabras que nos hacen reflexionar..bien cuidate y exito que DIOS te ilumine siempre. Sheila
Publicar un comentario