UN ARBOL, UN LIBRO, UN HIJO
Se dice que aquí está la trascendencia de una persona.
Lo del árbol lo entiendo como parte de esa maravillosa comunión que tenemos con la naturaleza de la cual somos sus señores.
El libro nos une a la gran cadena de esfuerzos que realiza el hombre para expresar sus conocimientos y su percepción de lo bello y horrible de la vida.
En el hijo es donde encuentro la verdadera trascendencia. Soy yo en otro y el otro en mí.
El árbol dará fruto según su naturaleza; el libro no da nada de sí, soy yo mismo expresado y compartido. El hijo da de sí y de mí.
Mi hijo es él y soy yo. Si lo dejo crecer como árbol no será mi hijo, tampoco si lo quiero escribir como libro. El equilibrio entre ambos es como andar al filo del precipicio con el hijo en la espalda: si caigo, también cae.
Al árbol se le usa, al libro se le interpreta; al hijo se le ama.
Como padres, amar al hijo significará muchas veces prepararlos para ser usados sin que por ello se consideren una cosa, para ser mal interpretados sin que dejen de ser honestos consigo mismos.
Árbol, libro e hijo exigirán tres actitudes diferentes al que desea trascender. El árbol, respeto por la identidad del otro; el libro, transparencia de decir lo que somos; el hijo, capacidad de compartir un camino juntos.
Exigirán, también, dos amores con una manera de amar. Amar la identidad del otro, amor a uno mismo y vivirlo en comunión.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
1 comentario:
mmmm...pues un artículo ..para reflexionar ..lo que inconcientemente siempre nos preguntamos...¿cómo dejar nuestras huellas para la posteridad?....o ¿qué podemos hacer para que nuestra existencia tenga un sentido?..aveces las respuestas las tenemos a la mano ...muchas veces las tenemos que buscar perseverantemente....Judith
Publicar un comentario